Juana de Arco, la «Doncella de Orleans», fue una joven campesina analfabeta que, guiada supuestamente por visiones divinas, lideró al ejército francés durante la Guerra de los Cien Años. Sus victorias cambiaron el rumbo del conflicto, aunque fue capturada, traicionada y quemada en la hoguera por los ingleses a los 19 años.
Orígenes y el llamado divino
Nacida en 1412 en la pequeña aldea de Domrémy, Juana provenía de una familia campesina devota y humilde. Durante su adolescencia, afirmó comenzar a escuchar las voces de san Miguel, santa Catalina y santa Margarita. Estas figuras celestiales le encomendaron una doble misión: expulsar a los ingleses del territorio francés y escoltar al delfín Carlos (el heredero al trono) a la ciudad de Reims para ser coronado como el rey Carlos VII.
En aquel entonces, Francia atravesaba una profunda crisis durante la Guerra de los Cien Años, con los ingleses ocupando gran parte del país y los borgoñones aliados con ellos. Después de varios intentos, en 1429 Juana logró convencer al delfín Carlos de la autenticidad de su misión, tras reconocerlo entre la multitud a pesar de no haberlo visto nunca.
Victorias militares y la coronación
Tras ser examinada por teólogos, recibió una armadura, un estandarte y el mando simbólico de las tropas. En la primavera de 1429, alzó el sitio de Orleans en apenas nueve días, un logro militar espectacular que elevó la moral de los franceses. Tras esta victoria, sus tropas abrieron el camino hacia Reims, permitiendo que el delfín fuera coronado legítimamente como Carlos VII.
Captura y juicio
El impulso inicial comenzó a desvanecerse y los intentos posteriores por liberar París fracasaron. En mayo de 1430, durante la defensa de Compiègne, Juana fue emboscada y capturada por las fuerzas borgoñonas. Fue vendida a los ingleses, quienes deseaban desacreditarla para socavar la legitimidad de Carlos VII.
Los ingleses organizaron un prolongado juicio eclesiástico en Ruan en 1431. Fue acusada de herejía, brujería y de vestir ropa de hombre, lo cual estaba prohibido en la época. Durante el proceso, defendió la veracidad de sus voces con gran astucia, pero el tribunal, manipulado políticamente, la declaró culpable.
Muerte y legado
El 30 de mayo de 1431, con apenas 19 años, Juana de Arco fue quemada viva en la hoguera. Según los relatos, pidió que sostuvieran un crucifijo en alto mientras moría.
En 1456, tras una revisión del caso impulsada por el papa Calixto III, el juicio original fue anulado y ella fue declarada inocente y mártir. En 1920, la Iglesia Católica la canonizó como Santa Juana de Arco y es hoy la patrona de Francia. Su vida es considerada un símbolo de fe, valentía y patriotismo.